El recién fallecido defensor, símbolo del fútbol italiano, protagonizó un episodio que merece un recuerdo eterno.
Cuando la historia recuerde a Franco Baresi, tendrá que destacar sus 20 días increíbles en el Mundial de Estados Unidos de 1994: rotura de menisco el 23 de junio en el partido contra Noruega, operación en menos de 48 horas, muletas, tres sesiones diarias de fisioterapia, kinesiología y trabajos de recuperación en piscina. Arrigo Sacchi, el gran técnico italiano que lo dirigió además en el Milan de Gullit, Van Basten y Rijkaard de fines de los 80, lo daba por perdido. Pero era Baresi.
Y Baresi -entonces de 34 años- estuvo listo para jugar la final contra Brasil, el 17 de julio, en Los Ángeles. Esa tarde, la rompió. Aguantó los 90 minutos y también los 30 del tiempo suplementario. 0 a 0. Fue la figura del seleccionado italiano, pero no le alcanzó. En la definición por penales mandó su disparo, el primero de la serie, por encima del travesaño de Taffarel. Después, Roberto Baggio, la estrella italiana, también erraría el suyo. Y Brasil sería el campeón por un 3 a 2.
Baresi, fallecido el 31 de julio pasado a sus 66 años, fue uno de los jugadores más destacados de aquel Mundial en el que además jugaron, entre otros, Diego Maradona (fue el del “Me cortaron las piernas”), Romario, Bebeto, Stoichkov, Hagi, Bergkamp, Preud’homme y Klinsmann. Pero además, Baresi fue el símbolo de un tiempo de oro para el fútbol italiano. Integró -aunque no jugó ningún encuentro- el plantel campeón de 1982, con Paolo Rossi y el arquero Dino Zoff, entre varias figuras. Ese equipo lo dirigía Enzo Bearzot, con quien Baresi tenía tantas diferencias que renunció para el Mundial de México, en 1986. Volvería para el de Italia, cuatro años después, bajo la conducción de Azeglio Vicini. Aquella fue la camada de Baresi, Maldini, Giannini, Vialli y Mancini.
Ya era símbolo del Milan ganador de todo a partir de la inyección económica del empresario y luego primer ministro italiano Silvio Berlusconi. Eran los tiempos del boom del fútbol italiano; del Milan que competía cabeza a cabeza con el Nápoli de Diego. De allí el video que se viralizó minutos después de la muerte de Baresi: “Esta camiseta es de un grandísimo jugador. Franco Baresi es lo máximo como defensor”, dijo Maradona después de un partido en el que el Baresi acababa de darle la camiseta negra y roja que llevaba puesta.
En el Mundial de Estados Unidos, Italia había arrancado mal: 1 a 0 abajo contra Irlanda en su debut del Grupo E, considerado el de la muerte porque también lo integraban México y Noruega y todos terminaron con 4 unidades y con la misma diferencia de gol.
En consecuencia, se determinó la clasificación según la cantidad de goles anotados en la zona, por lo que Italia clasificó como uno de los cuatro mejores terceros. En la segunda fecha estaba obligada a ganarle a Noruega para no quedar eliminada. Pero las cosas arrancaron mal: a los 21 minutos fue expulsado el arquero Gianluca Pagliuca por una falta al noruego Jan Åge Fjørtoft. Sacchi decidió mandar al suplente, Luca Marchegiani, por Roberto Baggio, quien se fue de la cancha visiblemente molesto. Pero el clima se volvería peor porque Italia no solo estaba con diez jugadores, sino porque Baresi se lesionó a los 4 minutos del segundo tiempo y fue reemplazado por Luigi Apolloni. Finalmente, Italia ganaría ese partido 1 a 0 con un gol de Dino Baggio.
“Al principio del segundo tiempo, Franco Baresi se rompió el menisco. Sentado sobre el césped, se sujetaba la rodilla. Yo me incliné hacia él. Tenía en el rostro una máscara de dolor y resignación, una expresión desconcertada, como diciendo: ‘¿por qué a mí? ¿por qué precisamente ahora?’. Apretaba los dientes. Lo sacamos fuera, tratando de animarlo. Perdimos así al líder de la defensa y de todo el equipo. Y lo perdíamos para todo el torneo”, recordaría años después Arrigo Sacchi en su libro Fútbol total.
La resonancia magnética confirmó la rotura del menisco interno de la rodilla derecha. Entonces, una lesión de esas obligaba a casi dos meses de recuperación. Así que mientras se especulaba con que su Mundial había terminado, el 25 de junio se sometió a una operación en el hospital Lenox Hill, de Nueva York, dirigida por el cirujano de confianza del Milan, el Dr. Giuliano Cerulli. Le retiraron la parte dañada del menisco y al día siguiente saldría del centro médico con muletas.
Fue ahí que comenzó con el urgente proceso de recuperación. Sin brillar, Italia avanzaba en el torneo y Baresi en el tratamiento. A poco más de 20 días, estaba listo para jugar. Sacchi, quien siempre le tuvo una confianza sólida, lo probó en el entrenamiento previo a la final con Brasil. Baresi insistió con que podía jugar y el entrenador lo mandó como titular y capitán.
“Recuperamos a Baresi, que veinte días antes se había operado del menisco. Un milagro. Capello, que entrenaba al Milan, quería que volviera a Italia para hacerse operar. Le dije: ‘Franco, tienes una probabilidad entre cien, necesitas recuperarte, pero si te recuperas y llegamos a la final, estarás ahí tú también. Si te marchas, lamentaremos que nos abandones’. Se quedó. Era feliz. Habíamos llegado a la final y él se había recuperado. Podía jugar. Fue una ocasión maravillosa para el campeón que ha sido. Había formado parte del grupo con su sola presencia, con sus ganas de recuperarse contra las adversidades. Era un hombre de gran temperamento, de gran carácter, el primero en demostrar que no aflojaba”, recordaría Sacchi en 2015.
El partido se jugó bajo un calor extremo: 40 grados en el Rose Bowl de Pasadena, Los Ángeles, ante más de 94.000 espectadores. Las crónicas de época recuerdan que durante los 120 minutos pudo anular a la temible dupla Romario-Bebeto. Fue la gran figura de la defensa; e incluso llegó al área rival.
“El sábado decidí el equipo (para la final). La duda era: ¿Baresi juega o no? Él les dijo a los médicos que lo conseguiría. ‘Si usted considera que puedo hacerlo bien, déjeme jugar’, me dijo, y al final lo puse en el campo. Me fié del jugador y del hombre”, agregó el entonces entrenador del seleccionado italiano.
La historia de Baresi en ese Mundial no terminó bien porque su equipo perdió. Más de treinta años después, lo que se destaca de aquel encuentro es otra cosa. Es la fuerza de voluntad que tuvo Baresi para volver a pesar de los pronósticos en contra. El resultado deportivo, a veces, es lo de menos.
Fuente: Alejandro Duchini / Página 12


























