Diana H Farías
Del multilateralismo liberal a la diplomacia de la fricción: cómo el megaevento de la FIFA en América del Norte expone la crisis de la globalización, las guerras arancelarias y el uso del deporte como frontera y trinchera en el nuevo orden multipolar.
La Copa del Mundo de la FIFA 2026 pasará a la historia no solo por ser la primera edición expandida a 48 selecciones o por su inédita estructura tripartita entre Estados Unidos, México y Canadá, sino por ser el espejo más nítido de la transición hacia un orden global profundamente fragmentado. Si el Mundial de Corea-Japón 2002 simbolizó la cúspide de la hiperglobalización y la integración de mercados, y las citas de Rusia 2018 y Qatar 2022 operaron bajo la lógica del sportswashing (el lavado de imagen de regímenes autocráticos mediante el deporte), el torneo de 2026 se desenvuelve bajo la doctrina del balkanización regulatoria, el retorno de las fronteras duras y el proteccionismo económico. Para comprender este fenómeno desde una perspectiva que amalgame las relaciones internacionales, la ciencia política y la economía global, es imperativo desarmar la ficción jurídica de la FIFA sobre su supuesta «neutralidad política». El fútbol nunca operó en un vacío institucional; hoy es un activo de poder blando que, lejos de unificar, expone las costuras de un sistema internacional crujiente.
1. El eje norteamericano: de la integración comercial a la fricción soberanaCuando la candidatura conjunta «United 2026» se impuso en 2018, la narrativa dominante se alineaba con la inercia del libre comercio clásico en América del Norte. Sin embargo, el panorama político actual de 2026 muestra un escenario radicalmente distinto. El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 dinamitó las bases de esa diplomacia de vecindad. El torneo hoy coincide con una agresiva agenda de revisionismo arancelario y amenazas de desmantelamiento de acuerdos comerciales por parte de Washington hacia Ottawa y Ciudad de México, lo que ha transformado lo que debía ser una fiesta de integración regional en un recordatorio de asimetría de poder. En Canadá, la retórica aislacionista de su vecino del sur ha espoleado un inédito nacionalismo defensivo que ha llegado incluso al boicot ciudadano de bienes estadounidenses. Por su parte, la administración de Claudia Sheinbaum en México enfrenta el torneo bajo una enorme presión de seguridad interna. El despliegue de más de 100.000 agentes bajo el «Plan Kukulkán» para asegurar las sedes mexicanas ante la volatilidad de la violencia criminal —evidenciada tras descabezamientos de liderazgos de carteles a inicios de año— demuestra que, para los países periféricos o semiperiféricos, el costo de albergar el evento no es solo financiero, sino de soberanía y control territorial. La notable ausencia de la mandataria mexicana en las ceremonias inaugurales de la FIFA es un sutil pero potente síntoma de la distancia política que hoy impera en el bloque del norte.
2. La frontera como trinchera: visados, restricciones y el fin de la libre circulaciónDesde el punto de vista de la ciencia política y el análisis migratorio, el Mundial 2026 representa la antítesis de la «aldea global». La imposición de estrictas políticas de control migratorio por parte del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de EE.UU. ha generado una segregación sistémica de la comunidad internacional de aficionados.Mientras los ciudadanos de naciones industrializadas acceden mediante trámites simplificados, el grueso de las aficiones del Sur Global —particularmente de África y América Latina— se topa con barreras burocráticas y económicas infranqueables, incluyendo amagos de depósitos de fianzas de hasta $15.000 para visitantes de ciertos países africanos.Más grave aún es la manifestación directa del conflicto bélico en las canchas. Las restricciones y vetos migratorios plenos sobre países como Irán y Haití han transformado la logística deportiva en una pesadilla geopolítica. Equipos como el de Irán, debilitados institucionalmente por las tensiones derivadas de los recientes enfrentamientos militares en Medio Oriente, operan en un limbo: concentrados en México y forzados a cruzar una de las fronteras más vigiladas del planeta para competir, bajo la constante sombra de la denegación de visados para sus cuerpos técnicos. La revocación de miles de entradas a la federación iraní por parte de la FIFA, bajo presión del entorno regulatorio de Washington, dinamita definitivamente el mito corporativo de un fútbol exento de geopolítica.
3. La economía política del torneo: inflación, exclusión y mercantilismo corporativoDesde una dimensión estrictamente económica, el modelo de negocio de la FIFA para 2026 abraza de forma abierta el capitalismo de plataformas y la exclusión de mercado. La implementación de algoritmos de precios dinámicos para las entradas ha disparado los costos de acceso a niveles sin precedentes históricos, alienando a las clases populares que históricamente cimentaron la cultura del fútbol. El encarecimiento generalizado del transporte aéreo global —agudizado por el impacto de los conflictos en Medio Oriente en los mercados energéticos— termina por configurar un torneo diseñado para élites corporativas y consumidores de ingresos altos de la OCDE.A esto se suma la tensión en la gobernanza económica local: mientras el Congreso estadounidense ha retenido fondos críticos prometidos a las ciudades sede para infraestructura y eventos culturales alternativos, las corporaciones locales enfrentan la rigidez de los contratos de exclusividad de la FIFA. Este esquema extrae la riqueza de las economías anfitrionas sin dejar el derrame económico local prometido en los estudios de impacto iniciales. El fútbol se comporta aquí como cualquier otra cadena de valor global extractiva: centraliza los beneficios y socializa los costos logísticos e infraestructurales en los contribuyentes locales.
El fin de la ilusión neutral
El Mundial 2026 pasará a los anales de la sociología política del deporte como el hito que sepultó la utopía liberal de la globalización feliz. Las canchas norteamericanas no están uniendo al mundo; están cartografiando sus fracturas. En un entorno internacional marcado por la competencia entre grandes potencias, el proteccionismo económico y la securitización de las fronteras, la Copa del Mundo se ha convertido en un frío indicador de las realidades contemporáneas: un tablero donde el balón rueda al ritmo que marcan los aranceles, las restricciones de viaje y los imperativos del complejo militar e industrial.Para profundizar en las dinámicas políticas contemporáneas en la región, resulta de gran interés repasar cómo estas se cruzan con la cobertura de los medios masivos de comunicación internacionales. El análisis audiovisual de las dinámicas actuales expone con claridad los roces diplomáticos cotidianos de esta cita deportiva. Para complementar este análisis con una mirada periodística sobre el terreno, te recomiendo el video analítico de Análisis geopolítico del Mundial 2026 – RTVE, el cual profundiza en las restricciones de visados para hinchas del Sur Global, las tensiones fronterizas específicas del equipo iraní y las marcadas diferencias de agenda entre los mandatarios del bloque norteamericano.


























