Buenos Aires. Tras casi dos semanas de tensión, el Gobierno de la Ciudad y la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo alcanzaron un acuerdo que despeja la incertidumbre sobre la 35ª edición de la movilización: se realizará el sábado 7 de noviembre, tal como estaba previsto originalmente, un día antes de que el papa León XIV llegue a la Argentina.
El origen del conflicto
La disputa se había desatado a mediados de septiembre, cuando el Ejecutivo porteño emitió una resolución en el Boletín Oficial que restringía la realización de eventos en el espacio público durante el operativo de recepción del Pontífice, previsto entre el 8 y el 11 de noviembre. Con ese argumento, las autoridades sostuvieron que la medida respondía al importante despliegue operativo, logístico y de seguridad que exigiría la visita papal, ante una convocatoria que se preveía masiva, y propusieron trasladar la marcha al 21 de noviembre.
La Comisión Organizadora rechazó esa alternativa. En una carta dirigida al jefe de Gobierno, Jorge Macri, los organizadores plantearon que la suspensión no podía presentarse como una simple decisión operativa, ya que modificar la fecha implicaba alterar una organización de alcance federal, con compromisos asumidos meses atrás y decisiones ya tomadas por miles de personas para poder participar. El argumento no era menor: la marcha convoca a alrededor de dos millones de personas, muchas de ellas llegadas desde el interior del país y del exterior con pasajes y alojamiento ya reservados.
A eso se sumó un dato político sensible: los organizadores remarcaron que no habían recibido ningún pedido formal, ni del Gobierno nacional ni del Vaticano, para modificar la fecha, lo que dejaba a la decisión porteña sin el respaldo de una razón de Estado o de una exigencia eclesiástica, y la exponía como una definición unilateral de la gestión de Macri.
El vaivén de los últimos días
El conflicto tuvo un capítulo intermedio el 22 de septiembre, cuando el propio Macri anticipó en Radio Rivadavia que existía un «diálogo avanzado» para posponer la fecha, apelando a que «todos podemos hacer un poco de esfuerzo» y recordando que la Comisión ya había reprogramado la marcha en 2025 por otro evento de magnitud. Sin embargo, esa lectura optimista del jefe de Gobierno no se tradujo en un acuerdo formal, y la Comisión Organizadora mantuvo su postura de no resignar la fecha original.
El desenlace
Finalmente, este jueves ambas partes confirmaron por comunicado que encontraron una fórmula para compatibilizar los dos operativos el mismo fin de semana, sin necesidad de mover la marcha. La Comisión Organizadora destacó que el entendimiento fue producto de un intercambio de propuestas, mientras que el Gobierno porteño remarcó que trabajará para garantizar las condiciones necesarias para que ambos eventos —la marcha y la visita papal— se desarrollen sin inconvenientes.
La 35ª Marcha del Orgullo recorrerá su trayecto habitual, con el Obelisco, el Congreso y la Avenida de Mayo como puntos centrales, y se espera una convocatoria similar a la de años anteriores.
Un trasfondo político más amplio
El episodio no puede leerse de manera aislada. Se inscribe en un clima de mayor tensión entre el colectivo LGBTIQ+ y el Gobierno nacional de Javier Milei, que en más de una ocasión cuestionó públicamente agendas vinculadas a la diversidad sexual. En ese contexto, sectores del propio colectivo habían interpretado el pedido de reprogramación de la Ciudad como parte de un clima regresivo hacia las políticas de diversidad, más allá de que la decisión fue tomada por la administración de Jorge Macri y no por la Casa Rosada.
El acuerdo alcanzado evita, en todo caso, una imagen de conflicto abierto entre el Estado porteño y una de las movilizaciones más numerosas del calendario social argentino, en la misma semana en que la Ciudad se prepara para uno de los operativos de seguridad más grandes de su historia reciente por la llegada de León XIV.
De la Redaccion AFEN.


























