El Gobierno brasileño rebaja la relación diplomática entre las dos mayores economías de la región al nivel de encargados de negocios
Los reiterados ataques personales del presidente argentino, Javier Milei, contra su homólogo de Brasil, Lula da Silva, desencadenaron este martes el mayor conflicto diplomático entre ambos países desde la restauración de la democracia en los años ochenta: el Ejecutivo brasileño resolvió retirar a su embajador en Buenos Aires y rebajar la relación bilateral. Se trata de las dos mayores economías de América Latina y su vínculo es el corazón de Mercosur.
“Corrupto”, “presidiario” y “basura socialista” fueron algunos de los calificativos que Milei le dedicó a Lula en los últimos días. Después de que en la mañana de este martes el presidente ultra repitiera esas expresiones, el Gobierno de Brasil decidió que su embajador en Buenos Aires, Julio Bittelli, quien había sido llamado a consultas, no regresará a territorio argentino. El Palacio del Planalto reducirá así la representación diplomática al nivel de “encargados de negocios”. Una resolución similar había tomado hace dos años España, tras los ataques de Milei contra el presidente Pedro Sánchez.
La decisión de Lula fue informada por el ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, al embajador argentino en Brasilia, Guillermo Daniel Raimondi: el Palacio de Itamaraty le comunicó que quedaba dispensado de permanecer en el país ya que, desde ahora, el vínculo se limitará a la representación de negocios.
La Cancillería de Argentina aún no dio a conocer si el diplomático continuará en la capital brasileña o regresará a su nación. Mediante un comunicado, sí destacó que la decisión de rebajar las relaciones fue “adoptada unilateralmente” por Brasil y agregó que Argentina “lamenta su decisión de continuar aislándose del resto de la región por cuestiones ideológicas”. Sin mencionar los insultos de Milei, la cartera a cargo de Pablo Quirno planteó que “en los últimos años se produjeron numerosos episodios de expresiones y respaldos políticos cruzados entre dirigentes de ambos países. En todos esos casos, sin excepción, la Argentina eligió no convertirlos en un incidente diplomático”. Luego, el texto continuó en primera persona: “Nunca respondimos a una diferencia política con una medida institucional”.
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