Un proyecto libertario en la Legislatura porteña propone torres de hasta 70 metros junto a la avenida más ancha del mundo, salvo edificios protegidos.
Qué propone el proyecto
La iniciativa, registrada como expediente 3273-D-2026 el 20 de octubre, lleva la firma del legislador libertario Nicolás Pakgojz y el acompañamiento de otros doce diputados porteños, entre ellos la presidenta del bloque de La Libertad Avanza, Pilar Ramírez, Juan Pablo Arenaza y Marina Kienast. Plantea sustituir el artículo 4.1.21 del Anexo II de la Ley 6.099, que regula el Área Especial Individualizada AE27, es decir, el corredor de la 9 de Julio, y reemplazar los planos asociados del Código Urbanístico.
El esquema distingue dos tramos. Entre la avenida del Libertador y la avenida Córdoba, las parcelas con frente a Cerrito y Carlos Pellegrini podrían alcanzar los 70 metros sobre la línea oficial. Entre Córdoba y Belgrano, el tope sería de 60 metros y alcanzaría a los frentes de Cerrito, Carlos Pellegrini, Lima y Bernardo de Irigoyen. El texto prohíbe además salientes y voladizos fuera de la línea oficial y condiciona la superficie construible al área edificable, los usos y las alturas previstos para cada sector.
Un corredor con historia propia
Para dimensionar la propuesta conviene una referencia: el Obelisco, ícono del corredor, mide 67,50 metros. Los nuevos edificios podrían, entonces, superar en altura al monumento que organiza el paisaje de la avenida desde 1936.
La 9 de Julio nació de una ley nacional de 1912 que autorizó expropiar las manzanas entre Cerrito-Lima y Carlos Pellegrini-Bernardo de Irigoyen. Su primer tramo se inauguró en 1937 y hoy suma unos 140 metros de ancho, con una calzada central de 110 metros y 16 carriles. Esa escala le valió el título de “la más ancha del mundo”, aunque el Libro Guinness se lo otorgó en 2006 al Eje Monumental de Brasilia, con 250 metros, en una polémica que los especialistas zanjan señalando que la porteña, a diferencia de la brasileña, es una avenida urbana rodeada de edificios.
Esas franjas laterales no fueron un accidente: ya en el proyecto original de fines del siglo XIX estaban pensadas como terrenos edificables, que se fraccionarían y venderían para financiar la obra. El debate actual retoma, de algún modo, esa idea fundacional. El antecedente de la altura ya existe sobre la propia traza: el Edificio Sudamérica, en Cerrito 1488, tiene un cuerpo de 47 metros limitado por una ordenanza municipal y una torre más retirada, sobre Posadas 1100, que llega a los 97.
Los argumentos: densificación e inversión
En los fundamentos, los autores sostienen que el corredor reúne infraestructura, conectividad, transporte y equipamiento suficientes para admitir mayor intensidad constructiva. Afirman que el régimen vigente desalienta la renovación edilicia y limita la inversión privada en una de las zonas de mayor centralidad de la Ciudad. Lo definen como un esquema de “densificación focalizada” que ampliaría la oferta urbana y habilitaría usos residenciales, comerciales, profesionales, hoteleros y mixtos.
El planteo conecta con el último gran capítulo del debate urbanístico porteño. La reforma del Código impulsada por el Gobierno de la Ciudad buscó limitar las alturas en los barrios de casas bajas y trasladar la capacidad constructiva hacia corredores y avenidas, una iniciativa que varios legisladores libertarios, entre ellos Pilar Ramírez, rechazaron con su voto. Sin embargo, el nuevo proyecto se apoya en la misma lógica de fondo: si la densidad debe concentrarse en los ejes, la 9 de Julio sería el candidato natural.
Las dudas: patrimonio, paisaje y planificación
La propuesta excluye expresamente a los inmuebles catalogados o con protección patrimonial, que conservarían su régimen específico. Con todo, el sector concentra edificios de valor histórico y una perspectiva urbana que ya generó críticas, como las que despertó durante años el edificio del ex Ministerio de Obras Públicas por romper la visual de la avenida.
Otra línea de objeción es de método. Referentes de organizaciones urbanas, como Jonatan Baldiviezo, del Observatorio del Derecho a la Ciudad, advirtieron en el pasado contra la fragmentación de la planificación por modificaciones puntuales del Código mediante leyes específicas, en lugar de una planificación integral con un Plan Urbano Ambiental actualizado.
Lo que viene: doble lectura y audiencia pública
Presentar el proyecto no implica que las nuevas alturas estén vigentes. Por tratarse de una reforma del Código Urbanístico, requiere el mecanismo de doble lectura, que incluye una audiencia pública antes de la resolución definitiva. Será allí donde vecinos, desarrolladores, especialistas y organizaciones del patrimonio podrán exponer sus posiciones. La discusión de fondo, que ya divide a la política porteña, es qué lugar debe ocupar la altura en la Buenos Aires del futuro, y si la avenida más emblemática de la Ciudad es el escenario indicado para empezar a definirlo.
De la Redaccion AFEN


























